|
Matando al Viejo hombre
En nuestro boletín de Agosto/Septiembre,
imprimimos la narración de una impactante
visión que Dios dio a Daniel.
Déjeme hacer un breve recuento de ella:
“Cuando
yo, Daniel, estaba leyendo este pasaje en
Mateo, un ángel me levantó una vez más sobre
la tierra. Él dijo, “Ven, quiero mostrarte
lo que Satanás está haciendo ahora” Según
miré, el ángel señaló hacia abajo y dijo,
“Mira lo que sale del estómago y boca de
Satanás.” Al mirar pude ver una nube
saliendo de su boca y cubriendo toda la
tierra. Arrojándo una sombra sobre la
tierra entera.
Le pregunté al ángel qué era la nube. Me
dijo, “Mira más de cerca.” Al hacerlo, ví
que la nube estaba en realidad formada de lo
que parecía diminutos insectos – demasiados
para ser contados. Estos insectos
atravesaban América a las iglesias y a los
hogares Cristianos. No miré a ningún no-Cristiano
ser afectado esta vez. Cuando los
“insectos” aterrizaban en los Cristianos, en
lo que parecía ser por lo menos dos tercios
de ellos o más, se arrastraban hasta sus
oídos, y la mayoría, se arrastraba hasta
dentro de sus oídos. “¿Qué son esas cosas y
qué están haciendo?” Le pregunté al ángel.
“Cada criatura que ves que parece un insecto
es en verdad un espíritu demoníaco,”
contestó. “Son los demonios de los deseos
de la carne. Se alimentan y crecen de los
deseos carnales de los seres humanos. Los
deseos de los cuales Pablo escribió a los
Gálatas:”
“Porque el deseo de la carne es contra el
Espíritu, y el del Espíritu es contra la
carne; y éstos se oponen entre sí, para que
no hagáis lo que quisiereis. 18Pero
si sois guiados por el Espíritu, no estáis
bajo la ley. 19Y manifiestas son
las obras de la carne, que son: adulterio,
fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías,
21envidias, homicidios, borracheras,
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca
de las cuales os amonesto, como ya os lo he
dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios.”
Gálatas 5:17-21
Me quedé sorprendido de ver en cuántos
Cristianos estos demonios estaban entrando.
“¿Cómo puede ser esto?” Le pregunté al
ángel. “¿Cómo pueden entrar estos demonios
en tantos Cristianos?”
Él dijo, “A causa de sus deseos.”… . La
Iglesia ha permitido que todo pecado
imaginable esté dentro cómodamente. ¡Las
personas ya ni siquiera reconocen lo que es
pecado! Los pastores y líderes desobedecen
directamente el mandato de Dios en Ezequiel
44:23
“Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia
entre lo santo y lo profano, y les enseñarán
a discernir entre lo limpio y lo no limpio”
Ezequiel 44:23
Los pastores no mencionan el pecado, ni le
enseñan a la gente a reconocerlo. Encima de
eso, el corazón humano es tan engañoso, (Jeremías
17:9) que piensan que están caminando con
Dios cuando en verdad están caminando en su
carne. Piensan que están escuchando de Dios
cuando en verdad están oyendo sus propios
deseos pecaminosos.”
“Está bien, entonces, ¿Qué van a hacer estos
demonios es sus vidas?” Pregunté.
“Quieren destruir todo lo que es de Dios.
Engañan a las personas, haciéndoles pensar
que oyen de Dios cuando en verdad no es así.
Están preparando el camino para los falsos
profetas y maestros que Satanás ya ha
colocado dentro de la Iglesia. Siembran
gran discordia entre el cuerpo de Cristo.
Están ahí para volver a hermano contra
hermano y hermana contra hermana. Como dice
en Mateo, “...Muchos tropezarán entonces, y
se entregarán unos a otros, y unos a otros
se aborrecerán (Mateo 24:10) Están aquí
para destruir matrimonios y familias, para
dividir la iglesia, y para poner a un
hermano en contra de otro y a una hermana en
contra de otra. Hacen que las personas se
enojen entre ellas, causan que estén
ofendidas entre si y que crean mentiras
acerca de ellos. Les dan falsas memorias,
falsas visiones, y falso discernimiento.
Les hablan mentiras, haciéndoles creer que
oyen estas mentiras de parte de Dios cuando
no es así. Están aquí para cumplir:”
“1También
debes saber esto: que en los postreros días
vendrán tiempos peligrosos. 2Porque
habrá hombres amadores de sí mismos, avaros,
vanagloriosos, soberbios, blasfemos,
desobedientes a los padres, ingratos, impíos,
3sin afecto natural, implacables,
calumniadores, intemperantes, crueles,
aborrecedores de lo bueno, 4traidores,
impetuosos, infatuados, amadores de los
deleites más que de Dios, 5que
tendrán apariencia de piedad, pero negarán
la eficacia de ella; a éstos evita. 6Porque
de éstos son los que se meten en las casas y
llevan cautivas a las mujercillas cargadas
de pecados, arrastradas por diversas
concupiscencias. 7Estas siempre
están aprendiendo, y nunca pueden llegar al
conocimiento de la verdad.”
2 Timoteo 3:1-7
Esta fue una visión atemorizante, ¿verdad?
Pero trae al tema un área completa de
enseñanza sobre la cual necesitamos pensar.
¿Cómo
podemos lidiar victoriosamente con nuestra
“carne”?
¿Cómo podemos ser victoriosos sobre estos
espíritus demoníacos que se alimentan de
nuestros pecados y deseos pecaminosos?
Matando al “viejo hombre,” es decir,
nuestra naturaleza de pecado. Dios no
quiere que seamos vulnerables a estos
demonios sueltos por Satanás. Jesús murió
en la cruz para proveer la manera para
resistirlos. Todo se resume en los deseos
de nuestro corazón. Nuestra victoria
sobre Satanás y su reino depende
directamente de los deseos de nuestros
corazones. Jesús pone el ejemplo para
nosotros:
La palabra de Dios describe a Jesús de este
modo:
“Has amado la
justicia, y aborrecido la maldad, Por lo
cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo
de alegría más que a tus compañeros.”
Hebreos
1:9
Es la intención de Dios que amemos la
justicia y odiemos la maldad.
Sólo al ser llenos del deseo de entrar en
una vida de verdadera santidad, deseando
solo la gloria de Dios, podemos tener
victoria absoluta sobre Satanás y sus
artimañas. Sólo entonces podemos avanzar
continuamente en Dios. Pedro lo puso de
este modo.
“Simón Pedro,
siervo y apóstol de Jesucristo, a los que
habéis alcanzado, por la justicia de nuestro
Dios y Salvador Jesucristo, una fe
igualmente preciosa que la nuestra: 2Gracia
y paz os sean multiplicadas, en el
conocimiento de Dios y de nuestro Señor
Jesús. 3Como todas las cosas que
pertenecen a la vida y a la piedad nos han
sido dadas por su divino poder, mediante el
conocimiento de aquel que nos llamó por su
gloria y excelencia…”
2 Pedro 1-3
Smith Wigglesworth dijo esto acerca de estos
versículos:
“Notarán al leer 2 Pedro 1:1-2 que esta
gracia y paz son multiplicadas a través del
conocimiento de Dios, pero que primero
nuestra fe viene a través de la justicia de
Dios. Note que la justicia viene primero
y el conocimiento después. No puede ser de
otro modo. Si espera alguna revelación de
Dios aparte de la santidad, sólo tendrá una
mezcla. La Santidad abre la puerta a
todos los tesoros de Dios. Él
primero tiene que traernos al lugar donde
nosotros, al igual que nuestro Señor,
“amemos la justicia y aborrezcamos la
maldad,” antes de abrir para nosotros estos
buenos tesoros. Cuando nosotros “miramos a
la iniquidad en nuestro corazón, El Señor no
nos oye” (Salmos 66:18)…” (El Poder de
la Fe, por Smith
Wigglesworth, p. 50)
Así que, vemos que el alcanzar el lugar
donde los deseos de nuestro corazón se
inclinan a la justicia, es esencial para la
victoria, ¿Cómo podemos alcanzar este
punto? ¿Cómo podemos controlar el pecado
que nos persigue cada momento que estamos
despiertos? Esta es una respuesta que yo,
Rebecca, busqué en el Señor fervientemente.
Hace algunos años, Él finalmente me dio la
respuesta. Quiero compartir ello aquí con
ustedes. Cuando Adán cayó en pecado, toda
su descendencia heredó esa naturaleza caída
de él.
“Por
tanto, como el pecado entró en el mundo por
un hombre, y por el pecado la muerte, así la
muerte pasó a todos los hombres, por cuanto
todos pecaron.”
Romanos 5:12
¿Qué es la “naturaleza pecaminosa”
exactamente? Es el casi continuo deseo de
pecar que satura cada parte de nosotros.
Pablo lo describió así:
“Porque no hago
el bien que quiero, sino el mal que no
quiero, eso hago. 20Y si hago lo
que no quiero, ya no lo hago yo, sino el
pecado que mora en mí.
21Así
que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta
ley: que el mal está en mí. 22Porque
según el hombre interior, me deleito en la
ley de Dios; 23pero veo otra ley
en mis miembros, que se rebela contra la ley
de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley
del pecado que está en mis miembros.”
Romanos 7:19-23
Claramente, el deseo de pecar está presente
aún al mismo tiempo que la mente desea
obedecer a Dios. El pecado es una parte
integral nuestra. Por eso es que la llamo
nuestra “naturaleza de pecado.” La
escritura se refiere a esta naturaleza de
pecado en diferentes formas. A veces se le
refiere como a nuestro “viejo hombre.”
“sabiendo esto,
que nuestro viejo hombre fue crucificado
juntamente con él, para que el cuerpo del
pecado sea destruido, a fin de que no
sirvamos más al pecado.”
Romans 6:6
A veces la escritura llama a esta naturaleza
de pecado nuestra “carne,” o nuestra
“naturaleza carnal.” El pecado está tejido
a través de nuestro mismo ser – cuerpo, alma
y espíritu. Aquí hay unas escrituras que
nos muestran claramente la extensión hasta
la cual el pecado nos ha tomado.
CUERPO
“¡Miserable de
mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de
muerte?”
Romanos 7:24
ALMA
“Engañoso es el
corazón más que todas las cosas, y perverso;
¿quién lo conocerá? 10Yo Jehová,
que escudriño la mente, que pruebo el
corazón, para dar a cada uno según su camino,
según el fruto de sus obras.”
Jeremías 17:9-10
“Por cuanto los
designios de la carne son enemistad contra
Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios,
ni tampoco pueden;”
Romanos 8:7
ESPÍRITU
“Así que, amados,
puesto que tenemos tales promesas,
limpiémonos de toda contaminación de carne y
de espíritu, perfeccionando la santidad en
el temor de Dios.”
2 Corintios 7:1
Estas escrituras y otras, como 1 Tess.
5:23, muestran claramente que todas nuestras
tres áreas, cuerpo, alma y espíritu, son
afectadas por el pecado. Las tres áreas
tienen que ser limpiadas por nuestro Señor
Jesucristo. Pero lidiamos con el pecado día
tras día, la mayoría del tiempo dentro de
nuestra mente consciente. No creo que algún
día podamos tener un entendimiento completo
del terrible arrastramiento que esta
naturaleza pecaminosa ha sido sobre nosotros
hasta que recibamos nuestros cuerpos
glorificados ¡y seamos libres del pecado
para siempre!
Sí, los demonios nos tientan a pecar, pero
al final, la decisión es nuestra. ¡Nosotros
escogemos pecar! Por lo tanto, somos
directamente responsables ante Dios de todo
lo que hacemos. Puede estar seguro de que
los demonios entienden nuestra naturaleza
pecaminosa por revés y derecho. Por eso es
que nos pueden manipular tan bien. La
Biblia entera está llena de versículos que
nos urgen fuertemente a batallar contra
nuestro deseo natural de hacer aquellas
cosas que son malas.
“1Por
tanto, nosotros también, teniendo en
derredor nuestro tan grande nube de testigos,
despojémonos de todo peso y del pecado que
nos asedia, y corramos con paciencia la
carrera que tenemos por delante,…” Hebreos
12:1
“Considerad a
aquel que sufrió tal contradicción de
pecadores contra sí mismo, para que vuestro
ánimo no se canse hasta desmayar. 4Porque
aún no habéis resistido hasta la sangre,
combatiendo contra el pecado;”
Hebreos 12:3-4
Desafortunadamente, demasiadas personas caen
en la trampa de pensar que una vez son
salvos, nuestros pecados no son tan
importantes. Pablo trató este asunto en
términos muy simples:
“¿Qué, pues,
diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para
que la gracia abunde? 2En ninguna
manera. Porque los que hemos muerto al
pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”
Romanos 6:1-2
La verdadera razón por la
que es tan importante que pongamos al pecado
fuera de nuestras vidas es porque el pecado
nos separa de Dios. ¿Quiere más
abundancia en su vida? ¡Entonces ponga al
pecado fuera de ella!
“Por lo demás,
hermanos, os rogamos y exhortamos en el
Señor Jesús, que de la manera que
aprendisteis de nosotros cómo os conviene
conduciros y agradar a Dios, así abundéis
más y más.”
1 Tesalonicenses 4:1
De hecho, hay un concepto muy impopular
acerca del cual debemos pensar sobriamente.
Tenemos que probarnos a nosotros mismos a
Dios. Tenemos que demostrar obediencia y
fe.
Jesús
aprendió obediencia a través del sufrimiento.
¿Podemos hacer algo menor que ello?
“Y aunque era
Hijo, por lo que padeció aprendió la
obediencia; 9y habiendo sido
perfeccionado, vino a ser autor de eterna
salvación para todos los que le obedecen.”
Hebreos 5:8-9
Usted no puede tener victoria o crecimiento
en su vida mientras continúe en pecado
activo. Dios deseó tan intensamente que
nosotros fueramos limpios de pecado que dio
Su propia vida para proveer para nuestra
purificación. Nosotros también, tenemos
que desear tan intensamente ser libres de
pecado que estemos dispuestos a rendir
todo, sin importar que tan doloroso
pueda ser, para poner al pecado fuera de
nuestras vidas!
Está bien, así que sabemos que tenemos que
parar de pecar. Pero aún nos quedamos con
la terrible batalla que Pablo describió
(citada anteriormente) en Romanos capítulo
7. ¿Cómo podemos entonces tener victoria
en esta batalla contra nuestra naturaleza
pecaminosa?
La respuesta es simple. Tenemos que tener
más poder del que tiene nuestra naturaleza
pecaminosa, o nunca la podremos vencer.
¿Dónde conseguimos tal poder? Creo que la
respuesta está en la siguiente escritura
“Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están
en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque
la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
me ha librado de la ley del pecado y de la
muerte.”Romanos
8:1-2
Jesús nos libró del poder del pecado cuando
murió en la cruz. Una vez lo recibimos cómo
nuestro Señor y Salvador, ese Poder está a
nuestra disposición. Aún no hemos recibido
todo lo que Dios ha prometido darnos. En el
futuro, al retorno de Cristo, cada uno de
nosotros recibirá el resto de lo que Dios
nos prometió en nuestra redención.
Recibiremos un cuerpo físico nuevo y
glorificado justo el mismo como el que Jesús
tiene ahora, Y, lo mejor de todo, ¡nuestra
naturaleza pecaminosa será borrada así que
nunca más tendremos que luchar con ella!
(vea Filipenses 3:20-21) Esta es nuestra
brillante esperanza. Un día, nunca más
tendremos el deseo de pecar, y estaremos
continuamente en la presencia de Dios.
Pero, mientras tanto, tenemos que pelear la
batalla contra el pecado.
El camino a la victoria sobre el pecado en
nuestras vidas tiene dos partes. La forma
principal y más importante hacia la victoria
es a través de la obra del Espíritu Santo en
nuestras vidas. La segunda nos es dada en
Romanos. Quiero tratar la segunda parte de
la respuesta primero.
“Porque los que
son de la carne piensan en las cosas de la
carne(deseos pecaminosos); pero los que son
del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6Porque el ocuparse de la carne es
muerte, pero el ocuparse del Espíritu es
vida y paz.”
Romanos 8:5-6
Dicho de manera simple, mientras más tiempo
pasamos cada día leyendo la Biblia, pensando
acerca de la palabra de Dios (la Biblia), y
pensando acerca de Dios, más victoria
tendremos sobre nuestra naturaleza
pecaminosa. El Rey David aprendió esta
lección así como lo hizo Josué antes que él.
“¿Con qué
limpiará el joven su camino?
Con guardar tu
palabra.
10
Con todo mi corazón te he buscado;
No me dejes
desviarme de tus mandamientos.
11
En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra
ti.”
Salmos 119:9-11
Dios le mandó a Josué:
“Nunca se
apartará de tu boca este libro de la ley,
sino que de día y de noche meditarás en él,
para que guardes y hagas conforme a todo lo
que en él está escrito; porque entonces
harás prosperar tu camino, y todo te saldrá
bien.”Josué
1:8
Sabe, hay una cosa acerca de la Biblia que
la hace diferente de cualquier otro libro en
el mundo. ¡Está literalmente viva! Está
viva porque es Dios hablándonos.
“porque la palabra de Dios es viva y eficaz,
y más cortante que toda espada de dos filos.
. .” Hebreos 4:12
Ningún otro libro impreso o página impresa
en todo el mundo tiene el poder único de la
Biblia. Mientras más saturamos nuestras
vidas enteras y mentes con la escritura, más
poder tendremos para vivir en obediencia
ella, y de ese modo pondremos al pecado
fuera de nuestras vidas. Sin embargo,
debemos estudiar la Biblia para obedecerla.
“Si se acostumbra a estudiar la Biblia sin
un deseo serio y un propósito definido de
obedecer, se está endureciendo en
desobediencia. Nunca lea la palabra de Dios
acerca de usted sin honestamente rendirse a
si mismo para obedecerla al punto y pidiendo
gracia para hacerlo así. Dios nos ha dado
Su palabra para decirnos lo que Él quiere
que hagamos, y para mostrar la gracia que Él
ha provisto para capacitarnos para hacerlo.
¡Qué triste es pensar que es una cosa
piadosa solo leer la palabra sin ningún
esfuerzo serio de obedecerla! Hagamos un
hábito sagrado el decirle a Dios, ‘Señor, lo
que sea que yo sepa que es Tu voluntad,
obedeceré de una vez.’ Siempre lea con un
corazón rendido en dispuesta obediencia.” (El
Secreto de Obediencia del Creyente, por
Andrew Murray, p. 46)
¿Se ha dado cuenta lo difícil que es
levantar la Biblia y leerla si ha dejado
pasar varios días sin hacerlo? Oh, ¡Qué
rápido nuestra naturaleza pecaminosa toma
fuerza si no la mantenemos bajo control! El
apóstol Pablo hizo una declaración profunda
acerca de esto después de varios años en el
ministerio:
“sino que
golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre,
no sea que habiendo sido heraldo para otros,
yo mismo venga a ser eliminado.”
1 Corintios 9:27
Estoy tan agradecida de que el Espíritu
Santo hizo que Pablo escribiera esa
declaración. Ha sido de mucha ayuda para mi
saber que aún el apóstol Pablo tenía una
batalla contra su naturaleza pecaminosa toda
su vida.
Aquí va una pequeña prueba para usted.
¿Cuántas veces al día piensa acerca de Dios
o piensa acerca de la escritura, o le habla
a Dios? ¿Cuántas veces se detiene a
comparar lo que le está sucediendo o lo que
está haciendo, con la escritura? Usted
debería hacer esto casi continuamente. Si
lo hace, descubrirá que su vida entera
cambiará.
Hay tanta pureza en las escrituras. Al
vivir en este mundo, estamos expuestos
diariamente a tanto pecado y perversión.
Tenemos que ser cuidadosos de lavar
continuamente nuestras mentes con la palabra
de Dios. Si no lo hacemos, caeremos rápido.
Tomar control de su mente es la verdadera
“clave” para tener Victoria sobre el pecado.
Ese es el significado de la escritura en
Romanos 8:5. Mientras más tenemos nuestras
mentes en las cosas de Dios, menos
pecaremos.
“No os
conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro
entendimiento…”
Romanos 12:2
“
y llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo
. . .”2 Corinthians 10:5
Debería ser normal que un Cristiano viviera
de tal manera que pecara muy raramente. Por
ello es que el apóstol Juan escribió:
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para
que no pequéis. . .”
1 Juan
2:1
Si no lo ha hecho aún, le recomiendo que lea
cuidadosamente el capítulo titulado “El
hombre de doble mente” de mi segundo libro
Preparémonos para la Guerra acerca de
este tema de llevar cautivo todo
pensamiento. No podemos tener victoria
sobre el pecado en nuestras vidas a menos de
que disciplinemos nuestras mentes y llevemos
cautivo todo pensamiento para hacerlo
obediente a Cristo. Cada tentación a pecar
es primero presentada a nosotros en la forma
de un pensamiento. Al permitir que estos
pensamientos habiten en nuestras mentes,
caeremos y cometeremos ese pecado. Sin
embargo, saturar su vida con la palabra de
Dios, tan necesario y eficaz como es, no es,
por si mismo, la respuesta completa.
También tenemos que tener poder. Ese poder
viene a nosotros del Espíritu Santo.
“Pero yo os digo la
verdad: Os conviene que yo me vaya; porque
si no me fuera, el Consolador no vendría a
vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.”
Juan 16:7
“porque Dios es el
que en vosotros produce así el querer como
el hacer, por su buena voluntad.”
Filipenses 2:13
Sólo con la ayuda del Espíritu Santo podemos
vencer nuestra naturaleza pecaminosa y dejar
de pecar. ¿Recuerda que le dije que habían
dos partes a la respuesta de cómo controlar
nuestra naturaleza pecaminosa? Controlar
nuestros pensamientos y saturar nuestras
mentes con la palabra de Dios es la primera
parte, y el poder que habita en nosotros del
Espíritu Santo es la segunda parte. Tenemos
que tener las dos cosas por igual.
Mientras más tiempo vivo este caminar con mi
Maestro, ¡más consciente estoy de mi propia
y completa impotencia de lidiar con o
detener el pecado en mi vida! Pero, alabado
sea Dios, el poder del Espíritu Santo me
capacita para tener la victoria. Lea Juan
16:7, citado arriba. Cuando Jesús estaba
aquí en la tierra en forma humana, sus
discípulos lo seguían fielmente y Jesús
ministraba a cada uno todos los días.
Pero
caían una vez y otra vez.
¿Por qué? Porque no importaba que tan
fieles o diligentes eran, no tenían el
poder dentro de ellos sobre su
naturaleza pecaminosa. Por lo tanto, aunque
estaban en la presencia de Dios mismo,
cayeron en la incredulidad y pecado, ¡vez
tras vez! Por eso era necesario que Jesús
se fuera de la tierra. Una vez Jesús no
estuviera en la tierra en forma física,
podía enviar al Espíritu Santo a trabajar en
sus discípulos desde adentro. Jesús hizo
esto posible pagando el precio de nuestros
pecados en la cruz. Cuando somos lavados de
nuestros pecados, entonces Dios mismo en la
forma del Espíritu Santo puede entrar en
nosotros a traer el poder que necesitamos
para vencer el pecado. Si nunca se ha
arrodillado y le ha pedido al Padre que lo
llene por completo con Su Espíritu Santo
para darle el poder de dejar de pecar,
necesita hacerlo. PERO, es una calle de
doble vía. Mientras más satura su mente con
la palabra de Dios y saca al pecado de su
vida, más libertad tendrá el Espíritu Santo
de operar en su vida con PODER. Por favor
no caiga en la trampa de pensar que todo lo
que necesita es el Espíritu Santo, que no
necesita hacer nada usted mismo. Eso no es
así. Santiago lo resume de manera muy
simple:
“Por lo cual,
desechando toda inmundicia y abundancia de
malicia, recibid con mansedumbre la palabra
implantada, la cual puede salvar vuestras
almas.
22Pero
sed hacedores de la palabra, y no tan
solamente oidores, engañándoos a vosotros
mismos. 23Porque si alguno es
oidor de la palabra pero no hacedor de ella,
éste es semejante al hombre que considera en
un espejo su rostro natural. 24Porque
él se considera a sí mismo, y se va, y luego
olvida cómo era. 25Mas el que
mira atentamente en la perfecta ley, la de
la libertad, y persevera en ella, no siendo
oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra,
éste será bienaventurado en lo que hace.”
Santiago 1:21-25
Hemos, hoy en día, caído muy a menudo en la
trampa de buscar solamente las señales y
milagros. Por eso es que hay tantos libros
en los estantes de las librerías cristianas
acerca de temas como “Cómo Sanar”, “Cómo
operar milagros”, etc. ¡Dios está mucho más
interesado en nuestra obediencia diaria y
fiel caminar de lo que está en obrar
milagros, señales y prodigios! Demasiado a
menudo los Cristianos están cayendo en
engaño y aceptando falsificaciones
demoníacas como profecías, señales y
milagros de Dios. Usted no puede tener
verdaderas señales y prodigios del Espíritu
Santo en su vida sin caminar un camino de
obediencia y disciplina, poniendo el pecado
fuera de su vida.
El Espíritu Santo es una ayuda maravillosa
para nosotros al luchar contra el pecado.
Pídale al Señor que lo apresure a esos
versículos de la escritura que se aplican
particularmente a los pecados que a menudo
comete. Luego memorice esos versículos y
pídale al Señor que los traiga a su mente
cuando este a punto de cometer ese pecado.
El Espíritu Santo sabe todo lo que hacemos
antes de que lo hagamos. Él monitorea todo
lo que hacemos. Él nos puede ayudar a dejar
de pecar.
Por ultimo, recuerde esto:
“9Engañoso
es el corazón más que todas las cosas, y
perverso; ¿quién lo conocerá? 10Yo
Jehová, que escudriño la mente, que pruebo
el corazón, para dar a cada uno según su
camino, según el fruto de sus obras..”
Jeremías 17:9-10
¡Su corazón puede y lo engaña! Usted
permite que todo tipo de deseos pecaminosos
reinen en su corazón aún sin darse cuenta.
A eso es a lo que el ángel se refería cuando
dijo que los demonios se alimentaban de los
deseos pecaminosos de los corazones de los
Cristianos. Sólo Dios puede examinar y
conocer su corazón. Tiene que hacerlo un
asunto de seria y sincera oración el pedirle
al Señor que le revele los pecados de su
corazón, y luego pedirle que trate con
ellos.
¡Esto
será muy doloroso en verdad!
Pero es la única manera de ser limpios. Es
la única manera de poder estar firmes contra
los engaños del Diablo en estos últimos y
difíciles días.
A.W. Tozer expone estas verdades mejor de lo
que yo pudiera hacerlo en su maravilloso
libro La Búsqueda de Dios:
“Existe
la presencia de un velo en nuestros
corazones. Un velo que no fue quitado como
lo fue el primer velo, sino que permanece
ahí, ocultando la luz y escondiendo el
rostro de Dios de nosotros. Es el velo de
nuestra naturaleza carnal y caída que sigue
viviendo, sin haber sido juzgada,
crucificada o repudiada. Es el velo grueso
de nuestro ser que nunca hemos reconocido
verdaderamente, o del cual hemos estado
secretamente avergonzados, y por estos
motivos nunca lo hemos traído al juicio de
la cruz. No es misterioso, este velo opaco,
ni es difícil de reconocer. Lo único que
tenemos que hacer es ver en nuestros propios
corazones y lo veremos ahí, tejido y con
remiendos tal vez, pero ahí sin embargo, un
enemigo a nuestras vidas y un bloqueo
efectivo a nuestro progreso espiritual.
Este velo no es algo hermoso y no es algo de
lo que nos importa hablar comúnmente.
Pero yo le hablo a las almas sedientas que
están determinadas a seguir a Dios, y sé que
no se volverán atrás porque el camino los
lleva temporalmente a los montes
oscuros….Así que me atrevo a nombrar los
hilos de los que este velo interno esta
tejido. Esta tejido de los finos hilos de
la vida propia, del ser mismo, los pecados
del espíritu humano. No es algo que
hacemos, es algo que somos, y ahí
yace tanto su sutileza como su poder.
Para ser específicos, los auto-pecados son
las pretensiones de superioridad (auto
justificación), autocompasión, confianza en
si mismo, auto admiración, independencia,
amor propio y muchos otros como ellos.
Habitan en lo profundo de nosotros y son tan
parte de nuestra naturaleza que no vienen a
nuestra atención hasta que la luz de Dios se
enfoca en ellos. La manifestación más
grotesca de estas señales – egotismo,
exhibicionismo, auto-promoción – son
tolerados extrañamente en líderes
Cristianos, aún en círculos de impecable
ortodoxia. Están en tanta evidencia que
para mucha gente, son identificados con el
evangelio…Promoverse a si mismo bajo el
disfraz de promover a Cristo es actualmente
tan común que no llama la atención…
Nuestro ser es el velo opaco que nos oculta
la cara de Dios. Sólo puede ser removido en
una experiencia espiritual, nunca por mera
instrucción. Tiene que haber una obra de
Dios de destrucción antes de que seamos
libres. Tenemos que invitar a la cruz a
hacer su obra mortífera dentro de nosotros.
Tenemos que traer los pecados de nuestro ser
a la cruz para juicio. Debemos prepararnos
para una orden de sufrimiento en alguna
medida parecida a la que nuestro Salvador
atravesó cuando sufrió bajo Poncio Pilato
…Tengamos cuidado con ajustar nuestra vida
interna, esperando rasgar el velo nosotros
mismos. Dios tiene que hacer todo por
nosotros. Nuestra parte es rendirnos y
confiar. Entonces la consideraremos
crucificada. Pero tenemos que ser
cuidadosos para distinguir la “aceptación”
haragana de la obra real de Dios. Tenemos
que insistir en que la obra sea hecha. Sin
atrevernos a descansar contentos con
una doctrina bonita de auto
crucifixión. Insistir en que el trabajo sea
hecho con mucha verdad y será hecho. La
cruz es dura y mortal, pero es efectiva.
Viene un momento en el que su trabajo está
terminado y la víctima sufriente muere.
Después de ello es la gloria de resurrección
y poder, y el dolor es olvidado por el gozo
de que el velo ha sido removido y de que
hemos entrado en la verdadera experiencia
espiritual de la presencia del Dios vivo.
(La
Búsqueda de Dios,
porA.W. Tozer, pp. 41-44)
Canasta de Oración
Mucha gente ha respondido y enviado sus
peticiones de oración para la canasta de
oración. Quiero contestar una pregunta. No,
NO leemos sus peticiones de oración. Son
estrictamente entre usted y Dios. Nuestro
único papel es unir nuestra fe con la suya
levantando todas las peticiones de oración
al Señor el diez de cada mes, ungiéndolas
con aceite. Dios nos ha prometido de que Él
personalmente lee cada palabra escrita en
sus peticiones, y que Él contestará. Una
vez más, Él no está prometiendo un “Sí” a
todo. Su respuesta puede ser “No”, y puede
ser “Espera” pero Él contestará. Al recibir
las respuestas a sus oraciones, por favor
envíe sus testimonios para que podamos
compartir algunos de ellos con otros a
través de nuestro boletín. De esta manera,
la fe de todos crecerá.
Copias
Siempre son bienvenidos a hacer copias de
nuestros boletines mensuales para que se los
de a otras personas. Si sabe de alguien a
quien le gustaría recibir nuestro boletín
mensual en Inglés, si viven en los Estados
Unidos, envíenos su dirección y con gusto
los añadiremos a nuestra lista de correo.
Ofrendas de Amor
Somos un ministerio patrocinado por fe.
Eso quiere decir que dependemos
completamente de su obediencia a Dios para
suplir nuestra necesidades y mantener las
muchas áreas de nuestro ministerio
funcionando. Le pedimos que le ore a Dios y
le pregunte que es lo que Él quiere que
usted haga para apoyar esta obra
Apreciamos profundamente a aquellos de
ustedes que nos apoyan. Cuando envían sus
donaciones, ponemos mano y oramos por cada
uno, pidiéndole al Señor que los bendiga
ricamente en retorno. Por favor envíe su
ofrenda en el sobre adjunto
Guerreros de la
Cosecha, 2004
|