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 Boletín Mensual

¡Regresando a la Lucha!

Todos hemos experimentado los resultados devastantes de la desobediencia a Dios, de los reveses personales, relaciones rotas, reputaciones arruinadas, y malas decisiones. ¿Qué debemos hacer cuando nuestro propio pecado y errores nos han derrotado? ¿Cómo debemos responder cuando hemos sido humillados por nuestros propios errores, cuando nuestros propios actos nos han deshecho? Nos pone Dios en la banca por toda la temporada? ¿Nos pone en la lista de reserva y heridos indefinidamente? ¿Debemos movernos a otro estado y hacer un nuevo comienzo? ¿Se ha acabado la vida que teníamos?

Miremos el libro de Josué capítulos 6 y 7. Si no recuerda la historia, por favor deténgase un momento y leala. Aquí hemos visto una terrible derrota sufrida por Israel como resultado del pecado de Acán. El pecado de un hombre derrotó a la nación entera. Deteniendo la conquista de la tierra prometida mientras aún estaba en camino. Después de este revés, Israel aceptó responsabilidad grupal e hizo arrepentimiento grupal y limpieza. Después de mucho remordimiento, Acán confesó su pecado y toda su familia y posesiones fueron juzgados rápida y decisivamente. Después de que todo fue destruido, se levantó un memorial para recordar a la nación las consecuencias de fallar a obedecerle a Dios. ¡La manera en que Dios dirigió a los líderes de Israel a lidiar con el pecado en su campamento era muy diferente de la manera en que nuestros políticos actuales lidian con nuestros problemas morales de hoy en día! Para Israel, no habían doctores, encubrimientos, negaciones, batallas de corte sofocantes, y ningún programa de entrevistas. La nación respondía con honestidad, verdad y unidad. Y el hombre más poderoso en el mundo, Josué, se humilló a si mismo ante Dios.

Pero eso no trajo el fin a esta historia. ¿Qué sobre Hai, la escena de la derrota de Israel? ¿Podrían moverse de esta inmensa derrota en su misión para tomar la tierra? Después de la confesión, arrepentimiento y limpieza, asombrosamente, Israel es mandado por Dios a regresar a la batalla – inmediatamente. Dios puso el pecado de Israel a sus espaldas! Él le dijo a Josué:

"Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. 2Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella." Josué 8:1-2

Una vez más, Dios le esta dando ánimos a Josué. ¡No se mencionan los pecados o derrotas del pasado! El pasado se ha acabado, en cuanto a Dios se refiere. Pero esta vez, ¡las reglas de la guerra santa deben seguirse escrupulosamente! Antes, Josué no consultó la palabra de Dios antes de intentar tomar a Hai. En esta ocasión, escucha el mandato de Dios y obedece siguiendo los detalles exactamente. Ahora el ejército completo es enviado. Normalmetne, cuando un ejército reducido es enviado, es para que Israel esté seguro de confiar em Dios, no en su poder militar. En el primer ataque a Hai, el número reducido representa una falsa confianza; mientras que en esta ocasión el ejército completo expresa fe al ir en unidad.

El resultado de la batalla es que el rey de Hai fue entregado en manos de Israel. La victoria es tan segura en el plano del segundo ataque, como lo estuvo la derrota en el primero. Esto demuestra lo que puede lograrse cuando el pueblo de Dios actúa de acuerdo a Su voluntad.

En esta batalla, el Herem (Guerra Santa), las cosas dedicadas a Dios para destrucción, incluyen solamente la ciudad y el pueblo, no el ganado o los metales preciosos. En Jericó, el mandato de Dios fue destrucción total. Pero ahora Israel podía compartir el botín, ya que no era destrucción total como se ve en Deuteronomio 2:34-35 y 3:6-7 donde Dios manda que todo sea destruído.

Tal vez Jericó era una prueba para ver si Israel obedecería a Dios completamente. En la batalla que sigue, sin embargo, la tentación que causó la caída de Acán es removida. O, quizás, en la primera batalla todo lo que había en Jericó tenía que ser sacrificado al Señor, mientras que en la batallas siguientes algunos de los despojos de Dios serían dados a Su pueblo. También tenemos que recordar que las provisiones de maná habían cesado para este entonces e Israel necesitaba alimento. Tal vez esto signifique que en nuestras batallas podremos recibir parte de los despojos a veces, pero no siempre. Tenemos que recordar siempre que todo pertenece al Rey Conquistador.

La batalla requiere una emboscada astuta. No hay una procesión sacerdotal aquí como en el caso de Jericó. El milagro de la partición del Mar Rojo fue seguida por la batalla con los Amalecitas donde Dios entregó la espada a Josué. (Exódo cap. 17) No hubo un gran milagro en Hai como lo hubo en Jericó. Sucede lo mismo en la historia de la Iglesia. En la época de los apóstoles muchas cosas milagrosas sucedieron. Pero en los años que pasaron, las ocurrencias milagrosas son pocas y distantes, y a veces son una excepción, no la norma.

Note la palabra de ánimo de Dios a Josué. El líder de Israel está temeroso, después de haber sufrido una derrota humillante. Aún le preguntó a Dios si estaba en el camino correcto. Sin embargo, Dios le dice a Josué que no tema ni desmaye. Es lo mismo que Dios le dijo en el capítulo 1.

El mandato de Dios de "no temer" se repite continuamente a Moisés, Josué, y la iglesia. La palabra "no desmayes" es descriptiva de los líderes cuyo ánimo ha sido destruído. Habla de llevar a cabo la gran tarea que Dios ha mandado.

La derrota nos hace temerosos. Nos desanimamos cuando sucumbimos al pecado, o cometemos errores o malas decisiones. Nos paralizamos y perdemos la esperanza. Nuestros enemigos parecen estar más fortificados y más formidables. Tenemos miedo de regresar a la pelea. No importa cuantas victorias hemos tenido en el pasado, o cuantas obras de Dios hemos testificado, una sola derrota causa que perdamos la voluntad para pelear. Josué había caminado con Dios por muchos años y había visto a Dios hacer cosas maravillosas. A pesar de ellos, aún Josué necesitaba esta palabra del Señor. Josué era humano. Así como nosotros. Somos gente temerosa. Tenemos miedo del conflicto, de la guerra, de un futuro incierto, enfermedad, y sobre todo de la muerte. Este temor nos quita la libertad y da a nuestra sociedad el poder de manipularnos con amenazas y promesas.

En ocasiones nuestro temor puede ser más debilitante que el enemigo mismo. Lo cierto es que lo único que nos detiene de tomar posesión de la tierra es nuestro propio miedo, incredulidad, y falta de valor. La única forma en que nuestro enemigo puede llevarnos ventaja es si nos quedamos paralizados por nuestro propio temor.

Sin embargo, Dios sabe cuando necesitamos una palabra de Él. Cuando nos enfrentamos la derrota, Él está listo con una palabra de ánimo que promete Su presencia con nosotros. Él quiere que simplemente empecemos a obedecerle otra vez. No necesitamos abatirnos, lamentarnos o dudar. Cuando hemos confesado y limpiado nuestros corazones, entonces es hora de ponernos de pie y continuar la batalla. Ninguna derrota tiene que ser final. Dios es fiel en su amor por cada uno de nosotros. Él está presto para decirnos los mismo que le dijo a Josué: "No temas, Yo estoy contigo."

Tal vez estas sean las palabras que usted necesita oir. ¿Está sufriendo una derrota? ¿Siente que el enemigo lo está sofocando? ¿Ha perdido la esperanza? Entonces Dios le está diciendo, "No temas ni desmayes, Yo estoy contigo." Escuche el libro de Deuteronomio:

"Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. 2Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote y hablará al pueblo, 3y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; 4porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros," Deut. 20:1-4

Al leer el libro de Josué, podemos aprender como guerrear y ganar hoy. Entonces, ¿Qué es lo que la iglesia puede aprender de esta batalla antigua en Hai?

Que una vida de triunfo puede ser nuestra una vez nos volvamos de la maldad de este mundo, de nuestros errores, y empecemos a caminar en obediencia y confianza una vez más. Solo porque hemos sido derrotados por el enemigo como Josué fue en Hai, no significa que no podemos tener una victoria mañana. Así como aprendimos con Acán, Hai y Josué, ¡servimos a un Dios de Victoria!

Dios nos trae a la tierra, a nuestra vida en Cristo como un regalo. Pero hay enemigos habitando la tierra, y Dios nos manda a que matemos a estos enemigos de pecado y maldad – romper nuestra dependencia del mundo y poner nuestra confianza en Él. Él quiere que usemos nuestros cuerpos mortales como instrumentos de justicia, y Él nos promete estar con nosotros en la batalla. Él nos promete que un día seremos completamente libres de estas cosas, y ese día nos libraremos de la pena y la culpa del pasado y la necesidad de alguien o algo fuera de Dios..

Sin embargo Dios sabe que fallaremos. Pero aún entonces Él nos alcanza. Él promete estar con nosotros, y nos anima a que sigamos en la batalla. Nuestro fracaso no cambia Su opinión acerca de nosotros, o Su amor por nosotros, o Su plan para nosotros. Él aún quiere que seamos glorificados con Su Hijo. La victoria vendrá si nosotros (la iglesia se volviera de su división y competencia mutua) nos volvemos de nuestro pecado y comenzamos a obedecer a Dios. Esta es la conclusión de la historia de Acán. Si no nos movemos del capítulo 7 de Josué al capítulo 8 perderemos el punto entero, y la batalla. Dios es un Dios de redención, un Dios de oportunidades infinitas que está comprometido a hacernos Su posesión Santa.

La victoria solo viene cuando nuestros corazones son transformados, al caminar en el Espíritu, llegando a ser aun más hombres y mujeres de Dios. A veces esto solo puede suceder a través de circunstancias desagradables. Tenemos que morir a nosotros mismos. Puede ser que no nos casemos. Que nunca obtengamos esa promoción en el trabajo, y el comportamiento de nuestros niños nos puede aún causar dolor. La victoria significa que sin importar las circunstancias podemos experimentar paz, descanso, y libertad. Ya que Dios nos da el poder de decir "no" a nuestros deseos pecaminosos, y a lo que parecen derrotas. La victoria significa que cuando confrontamos un dilema ético en el trabajo, no tenemos que temer. La victoria significa que cuando compartimos el evangelio, lo podemos hacer con autoridad y confianza porque Dios está con nosotros. La victoria significa que ya sea que estemos solteros o casados podemos estar contentos. La victoria significa que nos estamos pareciendo más y más a Cristo, yendo más y más profundamente en el corazón de nuestro Salvador.

La clave para todo esto es una voluntad de obedecer a Dios. Esto es lo que fue crítico a la victoria en Hai – La voluntad de Josué de de examinar el costo, ser valiente, y extender su mano y seguir a Dios. ¿Qué si Josué hubiera tenido una actitud de lamentación, diciendo "No soy bueno, nunca lograré nada, el pecado se llevo lo mejor de mi"? Pero no, Josué regresó a la batalla. Obedeció a Dios y confió en las promesas de Dios. Eso es lo que tenemos que hacer también. Somos llamados a levantarnos, limpiarnos, confesar nuestros problemas o pecados, y seguir a nuestro Señor. Y tenemos que hacer lo mismo mañana, y el día siguiente, y el día después de ese. Porque Jesús nos ama, somos Su pueblo, y Él nos guiará al triunfo. No importa que tan mal hemos sido derrotados, estamos a solo un momento de entrar en victoria otra vez.

Muchas veces escucho el comentario de la crueldad de Dios al mandarle a Israel a destruir las naciones que habitaban la tierra prometida. Los Israelitas recibieron instrucciones de matar completamente a estos pueblos, y en el caso de Jericó y Hai, quemar las ciudades completamente hasta sus cimientos. Lo que tenemos que recordar es que Dios había esperado 400 años para juzgar a estas tribus. Dios le dijo a Abraham en Génesis 15 que Israel serían extranjero en una tierra que no sería de ellos, donde serían esclavizados y oprimidos por 400 años. Pero luego el prometió traerlos de Egipto y de regreso a Canaán ¨...Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí." Gen 15:16

Dios había sido muy paciente con las tribus de Canaán. Pero ahora su iniquidad eera completa. Sus prácticas eran una abominación – sacrificio de niños e inmoralidad sexual eran sólo dos de los terribles pecados en que participaban. Cada hombre, mujer y niño adoraban y servían a espíritus demoníacos. La copa del juicio de Dios estaba llena, e Israel fue el instrumento de juicio escogido por Dios. Todo en la tierra estaba bajo un Herem, consagrado a Dios para destrucción. Dios es paciente, pero Su juicio contra el pecado y la iniquidad es seguro. Al pasar los siglos, muchas naciones han enfrentado el juicio de Dios. Ninguna nación está exenta, ni aún los Estados Unidos. Habrá un día cuando el mundo entero enfrentará un juicio terrible.

El carácter santo de Dios hace que Él sea un Dios de juicio, pero Él es también el Dios de Salvación. El rey de Hai fuer colgado de un madero. Este hombre estaba bajo maldición y enfrentó el juicio de un Dios enojado. Nosotros también estabamos bajo la misma maldición cuando nos dirigiamos al día del juicio. Pero Dios nos proveyó un camino de salvación. Él envió a Su hijo Jesús, el Rey de Israel, al mismo juicio que fue compartido por el rey de Hai. Jesús nos redimió al hacerse maldición por nosotros (Gal 3:13) Él también fue colgado de un madero, un sacrificio para satisfacer a Dios. De tal manera que el sacrificio de Jesús vino a ser una ofrenda y un sacrificio a Dios como un olor fragante (Efe. 5:22) Jesús se convirtió en un rey Cananita por nosotros. El soportó un muerte atroz y humillante para que nosotros pudieramos recibir salvación. El juicio que Dios derramó sobre el rey de Hai, fue derramado sobre Su propio Hijo.

Hay una manera de lidiar con nuestros pecados, los pecados de los Estados Unidos con sus abortos, relaciones sexuales del mismo sexo, incesto y mucho más. La vergüenza que somos, la derrota que está sucediendo, y nuestro fallos como una Iglesia. ¡Es a través de Jesús!

Podemos caer en pecado, y en derrota a causa de ello. Si no nos arrepentimos y corregimos nuestro andar rápidamente, Dios puede aún castigarnos. El castigo de Dios puede ser muy doloroso, y muy severo. Hebreos capítulo 12 lo asemeja a "azotes" en ocasiones. Pero Dios nos anima aún en medio de este doloroso evento en nuestra vida. Él dice:

"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.12Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado". Hebreos 12:11-13

Queridos hermanos y hermanas, ustedes han oído y leído nuestra enseñanza acerca de la Corte de Dios. Cuando Satanás está peleando en contra nuestra, ¡podemos tomar el caso a la corte del absoluto y supremo Juez del universo! PERO, a causa de que somos falibles seres humanos, a veces caemos y pecamos, o cometemos errores y hacemos lo que está mal. Cuando este es el caso, Satanás tiene el derecho legal de derrotarnos. Él está esperando a que cometamos algo así, y cuando lo hacemos, sale volando ante el Señor, peticionando destruirnos. Estamos seguros de que Satanás hizo esto inmediatamente después de la batalla contra Jericó. Él le pidió a Dios en petición derrotar a Israel en su próxima batalla a causa del pecado de Acán. Ya que Dios es un juez justo, tuvo que conceder la petición de Satanás. Lo mismo sucede en nuestras vidas cuando caemos. Satanás está esperando a que pequemos o que cometamos un error o tomemos una mala decisión. Luego toma la situación y la exagera haciendo una gran crisis de ella.

Nosotros tuvimos una situación como esa hace algunos años. Viajamos a Canadá a ministrar. Habíamos estado despiertos por casi 48 horas cuando llegamos a nuestro destino en tempranas horas de la mañana. Estabamos tan cansados y exhaustos que nos olvidamos de hacer algo que debiamos haber hecho. No teniamos intencion de hacer algo mal, simplemente estabamos demasiado cansados y se nos olvidó. Un error humano. Pero, Satanás tomó la situación y la convirtió en una gran crisis. Normalmente, nada hubiera pasado como resultado de nuestro olvido, pero Satanás se movía rápidamente para destruirnos a causa de ello. Yo sabía que todo era obra de Satanás, pero no lo podía echar fuera efectivamente de ello porque le habíamos dado el derecho legal de atacarnos. No podía ir a la corte de Dios y pedirle que juzgara entre nosotros y Satanás ¡porque en este caso Dios tendría que rendir un juicio a favor de Satanás! No sabía que hacer, así que le pedí al Señor que me mostrara como orar. Al llorar delante del Señor por esta situación, repentinamente Él me contestó muy claramente. "Tengo más de un trono, sabes." Y la siguiente escritura inundó mi mente:

"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." Hebreos 4:15-16

Déjeme decirle, fui volando ante ese trono de gracia gritando "!Misericordia! ¡Ayuda!" ¡durante todo el camino! Dios escuchó mi petición, y me contestó. Dentro de una hora, la situación simplemente se disolvió y desapareció! No olvidemos que servimos a un Dios que es completamente un Juez justo, pero también servimos un Dios que es un Dios de misericordia y gracia a la vez.

El Nuevo testamento dice que ni el pecado ni Satanás tendrán dominio sobre nosotros. La vergüenza del pecado no necesita ser cargada en nuestros corazones. Dios lo ha cubierto todo. El ha derramado el juicio que tenía guardado por nuestro pecado sobre Su hijo amado. Todos nosotros estabamos bajo maldición, y destinados a la destrucción. Pero Jesús tomó nuestro lugar. Ahora la promesa de Dios para nosotros es que Él nunca nos dejará ni desamparará. Así que nos llama a que nos levantemos y no temamos. Nos llama a obedecer, a caminar en el poder de Su Espíritu, y experimentar la vida de Cristo en la tierra. Así como fue para Israel y para Josué, que nuestras propias batallas personales resulten en victorias dadas por Dios, y no derrota. ¿Ha sido derrotado? Entonces levántese, sacúdase el polvo, "...Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas..." (Hebreos 12:12) Arrepientase, confiese sus pecados y errores a Dios, limpie su vida, ¡y luego regresé a la pelea!

Un reporte de Alabanza

Como ya sabe, hemos estado trabajando en la construcción de un centro de convenciones por los últimos 2 años. Estamos feliz de anunciar que la parte exterior del edicio está ahora terminada. ¡Alabado sea Dios! Aquí hay unas fotos, tanto de afuera como de dentro. Nuestro próximo proyecto es la calefacción y el aire acondicionado para el edificio. Esto nos costará apróximadamente $20,000.00 Cuando el edificio esté terminado, contendrá de 500 a 800 personas. Nuestra visión es poder sostener reuniones apra que las personas puedan venir y recibir enseñanza intensiva en guerra espiritual. Obviamente, no podemos lograr este proyecto por nosotros mismos. Le pedimos que ore a Dios para que abra el corazón de aquellos que nos puedan ayudar con este proyecto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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Evang. Daniel Yoder

Rebecca (Brown) Yoder, M.D.

Ministerios de Alcance Guerreros del Nuevo Milenio

 

 
 
     
 
 
 
 
 
 
 
     
     
     
   
 
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