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La razón por la que
estoy escribiendo de este tema es porque he
sido contactada por varias personas
recientemente con preguntas acerca del
mismo. De hecho, he quedado perpleja por
sus preguntas. Todos los que hicieron estas
preguntas son Cristianos. Todos habian
experimentado la pérdida de un ser querido
que también era Cristiano. ¡Ninguno podía
soportar su pena porque no sabían lo que
les había pasado a sus seres queridos en el
momento de su muerte! ¿Estuvieron
solos? ¿Sintieron temor?
¿Fue increíblemente
doloroso para ellos? ¿Cree que ellos quieran
regresar? ¿Existen todavía?
Estas eran algunas de
sus preguntas. Estos queridos hermanos y
hermanas estaban viviendo en absoluto miedo
y terror de la muerte. El Señor ha puesto
muy fuertemente en mi corazón que Su pueblo
no está recibiendo enseñanzas sobre la
muerte. Por lo tanto, están viviendo sus
vidas en la sombra del miedo a la muerte, lo
que los hace incapaces de salir en absoluta
fe y tomar riesgos por el Señor.
La Biblia es muy clara. Jesús nos liberó de
las dos mayores fuentes de temor en nuestras
vidas – el miedo al hombre (Heb 13:6, y
Lucas 12:4), y el miedo a la muerte. Mire
lo que Dios tiene que decir acerca del miedo
a la muerte:
“Así que, por cuanto los hijos participaron
de carne y sangre, él también participó de
los mismo, para destruir por medio de la
muerte al que tenía el imperio de la muerte,
esto es, al diablo, y librara todos los que
por el temor de la muerte estaban durante
toda la vida sujetos a
servidumbre.”
Heb. 2:14-15
Cuando Jesús murió en la cruz y se levantó
de la tumba, Él hizo mucho más que pagar el
precio de nuestros pecados. ¡Él destruyó
por completo el poder de la muerte! El le
arrebató a Satanás el poder de infligir un
severo dolor a la hora de la muerte. ¡A
partir de ese instante, la vida y muerte del
pueblo de Dios quedaba completamente en las
manos de Dios mismo! El Salmista entendió la
actitud que Dios tenía acerca de la muerte
de Su pueblo.
“Estimada
es a los ojos de Jehová La muerte de sus
santos.”
Salmos
116:15
Su muerte no “simplemente sucede”. Se
encuentra estrictamente bajo el control de
Dios Todopoderoso. De hecho, su muerte es
preciosa para Él, ¡Y la guarda celosamente!
Dios está tan envuelto en su muerte como lo
está en su vida. El entendimiento de esta
verdad es lo que nos libra de pesar excesivo
por la pérdida de un ser querido.
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis
acerca de los que duermen, para que no os
entristezcáis como los otros que no tienen
esperanza.”
1 Tess. 4:13
Si, sentimos dolor por la pérdida de un ser
querido, pero nuestro dolor debe templarse
con la esperanza que tenemos de la nuestra
futura eternidad con Cristo, y el
conocimiento que tenemos sobre la muerte.
Escribi en el boletín del mes pasado acerca
de nuestra esperanza en la eternidad. Este
mes, quiero hablar directamente del proceso
de la muerte en si.
El apóstol Pablo se refiere a las personas
que han muerto como “a los que duermen” en
Cristo. ¿Quiere decir que ellos pierden
toda consciencia? ¡No!
Se refiere al hecho de
que su cuerpo físico esta “dormido” ya que
será levantado nuevamente en la venida de
Cristo. Puede ser que el cuerpo físico ya
no funcione, es decir, esté “muerto”, pero
la persona que vivió dentro de él no está
muerta. Él o ella continúa existiendo.
La muerte no es el final, para el pueblo de
Dios, es un principio. Es el principio
de una existencia en un nuevo reino, tan
maravillosa que ni siquiera podemos empezar
a imaginarla. La palabra de Dios nos ha
dado unos pequeños adelantos de ello.
Resulta claro, que la muerte no significa
que el pueblo de Dios cese de existir, ó que
ya no estén conscientes. La historia de
Jesús en el monte de la transfiguración nos
da una prueba concluyente de esto.
“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a
Jacobo y a Juan
su hermano, y los llevó aparte a un monte
alto; 2y se transfiguró delante
de ellos, y resplandeció su rostro como el
sol, y sus vestidos se hicieron blancos como
la luz. 3Y he aquí les
aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
”
Mateo 17:1-3
Moisés murió muchos años antes de este
incidente. (Elías no experimentó la muerte
física, sino que fue transportado
directamente al cielo.)Moisés sí experimentó
la muerte física. Es claro que tanto Moisés
como Elías continuaron existiendo,
conscientes de lo que sucedía alrededor de
ellos, y seguramente se les permitió estar
conscientes de lo que sucedía aquí en la
tierra también.
En la parábola de Jesús de la muerte del
hombre pobre y el hombre rico, se comprueba
que ambos hombres continuaron viviendo con
consciencia completa de todo – uno en el
cielo, otro en el infierno. Permítame
refrescar su memoria de esta historia.
“Había un hombre rico, que se vestía de
púrpura y de lino fino, y hacía cada día
banquete con esplendidez. 20Había
también un mendigo llamado Lázaro, que
estaba echado a la puerta de aquél, lleno de
llagas, 21y ansiaba saciarse de
las migajas que caían de la mesa del rico; y
aun los perros venían y le lamían las
llagas. 22Aconteció que murió el
mendigo, y fue llevado por los ángeles al
seno de Abraham; y murió también el rico, y
fue sepultado. 23Y en el Hades
alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio
de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24Entonces él, dando voces, dijo:
Padre Abraham, ten misericordia de mí, y
envía a Lázaro para que moje la punta de su
dedo en agua, y refresque mi lengua; porque
estoy atormentado en esta llama. 25Pero
Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que
recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro
también males; pero ahora éste es consolado
aquí, y tú atormentado. 26Además
de todo esto, una gran sima está puesta
entre nosotros y vosotros, de manera que los
que quisieren pasar de aquí a vosotros, no
pueden, ni de allá pasar acá.”
Lucas
16:19-26
Jesús enseño muchas cosas diferentes con
esta parabola. Sin embargo, quiero que
notemos solamente dos de ellas. Primero,
cuando Lázaro murió, su muerte no fue
solitaria o dolorosa. Al contrario, los
ángeles vinieron a escortarlo personalmente
al cielo. Lázaro representa el pueblo de
Dios. En segundo lugar, Abraham, Lázaro y
el hombre rico estaban todos “muertos”.
Pero seguían existiendo, estando conscientes
de todo lo que sucedía alrededor de ellos.
Así que tanto para los que son salvos como
para los que no lo son, la muerte no pone
un final a su “vida” o a su conscienca de
las
cosas.
Ellos continúan exisiendo, de manera viva,
en un reino diferente. Es muy inquietante
pensar de la terrible existencia de aquellos
que no han aceptado a Cristo. Sin embargo
no abordaremos este tema en este boletín.
Continuemos y miremos lo que Pablo escribió
sobre su propia muerte
“Porque
sabemos que si nuestra morada terrestre,
este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de
Dios un edificio, una casa no hecha de
manos, eterna, en los cielos. 2Y
por esto también gemimos, deseando ser
revestidos de aquella nuestra habitación
celestial; 3pues así seremos
hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque
asimismo los que estamos en este tabernáculo
gemimos con angustia; porque no quisiéramos
ser desnudados, sino revestidos, para que lo
mortal sea absorbido por la vida. 5Mas
el que nos hizo para esto mismo es Dios,
quien nos ha dado las arras del Espíritu.
6Así
que vivimos confiados siempre, y sabiendo
que entre tanto que estamos en el cuerpo,
estamos ausentes del Señor 7(porque
por fe andamos, no por vista); 8pero
confiamos, y más quisiéramos estar ausentes
del cuerpo, y presentes al Señor.” 2
Corintios 5:1-8
Cuando Pablo usa el término “morada
terrestre” o “este tabernáculo” se refiere a
nuestro cuerpo físico. Nos dice que cuando
nuestro cuerpo físico sea “destruído”, es
decir, muera, tendremos un cuerpo nuevo
hecho por Dios mismo en el cielo. Él nos
dice que debemos “desear vivamente ser
revestidos de aquella nuestra habitación
celestial” Lo que quiere decir es que ya no
viviremos en nuestros cuerpos físicos
terrestres, sino en nuestros cuerpos
espirituales glorificados ante la presencia
de Dios en el cielo. Cuando dejamos nuestro
cuerpo físico actual, Dios nos da
inmediatamente un nuevo cuerpo espiritual
glorificado.
“Mas nuestra ciudadanía
está en los cielos, de donde también
esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
21el cual transformará el cuerpo de la
humillación nuestra, para que sea semejante
al cuerpo de la gloria suya, por el poder
con el cual puede también sujetar a sí mismo
todas las cosas.” Filipenses 3:20-21
“Amados, ahora somos
hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo
que hemos de ser; pero sabemos que cuando él
se manifieste, seremos semejantes a él,
porque le veremos tal como él es” 1 Juan
3:2
Estas escrituras nos muestran, además, que
tendremos cuerpos nuevos.¿Cómo serán estos
cuerpos?
Se nos dan unas ideas al respecto. Tendremos
un cuerpo igual al cuerpo glorificado que
tuvo Cristo después de Su resurrección .
Jesús estaba en este cuerpo glorificado
cuando se apareció a Sus discípulos después
de Su resurrección.
“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas,
Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo:
Paz a vosotros. 37Entonces,
espantados y atemorizados, pensaban que
veían espíritu. 38Pero él les
dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a
vuestro corazón estos pensamientos? 39Mirad
mis manos y mis pies, que yo mismo soy;
palpad, y ved; porque un espíritu no tiene
carne ni huesos, como veis que yo tengo.
40Y diciendo esto, les mostró las
manos y los pies. 41Y como
todavía ellos, de gozo, no lo creían, y
estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí
algo de comer? 42Entonces le
dieron parte de un pez asado, y un panal de
miel. 43Y él lo tomó, y comió
delante de ellos.” Lucas 24:36-43
No sabemos exactamente cómo era el cuerpo
de glorificado de Cristo, aunque es claro
que era diferente de Su cuerpo físico
original porque ya no estaba atado por cosas
físicas. Aparentemente vino en medio de
ellos sin abrir ninguna puerta. Su cuerpo,
por tanto, podia atravesar una pared física
sin dificultad. Los discípulos tenían miedo
pues pensaban que miraban un espíritu. Pero
Jesús les aclaró que Él era más que un
espíritu, estaba revestido de un cuerpo.
Podían tocar su cuerpo y sentirlo. También
pudo comer. Tal vez recuerda que en
Apocalipsis se menciona de que aquellos de
nosotros que estemos en el cielo seremos
invitados a “la cena de las bodas del
Cordero” (Apoc. 19:9) Es decir, en el cielo
se podrá comer. Nuestros cuerpos
glorificados podrán comer y beber. ¡Qué
maravilloso será cuando nos den nuestros
cuerpos glorificados! Nunca nos
enfermaremos o sentiremos dolor. Nunca
estaremos cansados. ¡No habrá incapacidad o
parálisis en esos cuerpos! Ningún tipo de
debilidad. Seremos como Jesús.
El
próximo punto que quiero que mire es el
hecho de que la transición de nuestro cuerpo
físico a nuestro cuerpo glorificado es
instantánea. Pablo dice que cuando estamos
“ausentes de nuestros cuerpos, estamos
presentes con el Señor” (2 Cor. 5:8) No
hay demora. En el instante en que dejamos
nuestro cuerpo físico, estamos presentes con
Cristo. ¡Aleluya!
También sabemos por la
escritura que cité de Lucas 16, que los
ángeles estarán ahí para ayudarnos.
¿Estaremos solos cuando muramos?
¡Absolutamente no! Jesús estará ahí, y los
ángeles estarán ahí! Al dejar nuestro
cuerpo físico, nos daremos cuenta
instantáneamente de todo lo que pasa en el
mundo espiritual que está ahora oculto para
nosotros. ¡La nueva existencia que
tendremos en este reino con nuestros
cuerpos glorificados, en la presencia de
Cristo, es mucho mejor que nuestra vida aquí
en la tierra Pablo lo dijo de esta
manera:
“Porque para mí el
vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
22Mas si el vivir en la carne resulta
para mí en beneficio de la obra, no sé
entonces qué escoger. 23Porque de
ambas cosas estoy puesto en estrecho,
teniendo deseo de partir y estar con Cristo,
lo cual es muchísimo mejor;.”
Pilipenses 1:21-23
Debemos entender que sin importar cuánto
extrañemos a nuestros seres queridos que han
muerto (y que eran Cristianos), que ellos
ahora llevan una vida tan grandiosa y mejor
que cualquier otra cosa que experimentaron
aquí en la tierra, ¡que nunca querrían
regresar!
Muchas de las personas con las que hablé
hace poco, dijeron que ellos creían que su
ser querido sentía pesar por haber muerto y
no poder estar más en la tierra. No creo
que esto sea cierto. ¡No sabemos lo que
es la gloria de Cristo, si pensamos que
cualquiera que se encuentra ahora en la
misma presencia de Cristo querría regresar a
la tierra!
Quiero darle un ejemplo propio en relación a
la muerte para ayudarlo y animarlo. Mi
madre era un persona de 74 años saludable y
activa cuando repentinamente sufrió un
ataque masivo al corazón. Yo practicaba la
medicina en ese entonces. Fue llevada de
urgencia al hospital e ingresada en la
unidad de Cuidado Coronario Intensivo. Más
tarde en ese mismo día, una enfermera vino y
nos pidió a mi padre y a mi que entraramos
al cuarto porque ella había pedido vernos.
Fuimos y permanecimos a su lado. Ahora,
quiero que entienda que mi madre y mi padre
tenían un matrimonio maravilloso y una
profunda relación amorosa que había durado
casi 40 años. Mi relación con mi madre era
también muy cercana. De hecho, en esa época
de mi vida, mi madre era la única persona en
la tierra que
entendía el llamado de Dios en mi vida, y la
Guerra espiritual en que estaba envuelta.
Ella trabajaba a tiempo completo como
recepcionista en mi oficina y ministraba
diariamente a los pacientes que llegaban.
Era muy amada en la comunidad donde yo
practicaba medicina.
Cuando
mi padre y yo llegamos al lado de su cama,
nos habló y dijo, “Hace muy poco Jesús
apareció aquí. Me habló y me dijo que me
daría a escoger. Ya sea que Él me sanaría, o
que yo podría ir a casa para estar en el
cielo con Él. Le pregunté si podría hablar
con ustedes dos antes de tomar mi decisión.
Los amo tanto y sé que ustedes me aman a
mi. No quiero ser egoísta, pero oh, ¡Qué
hermoso es Jesús! Ahora que lo he visto, mi
corazón anhela estar con Él. Pero quiero
hablar con ustedes primero porque sé que mi
muerte les afectaría profundamente a ambos.
¿Qué piensan?”Fue un momento terrible tanto
para mi padre como para mi. ¡Mi madre
significaba tanto para ambos! Mi padre no
dudó, sino que habló por el amor verdadero
y no egoísta que tenía y dijo, “Querida, te
amo más que a nada en el mundo, pero no te
retendría por nada. Sé que es mucho mejor
estar con Jesús. No estás siendo egoísta,
ve hacia delante y yo me uniré a ti antes
que pase mucho tiempo”
Le dije a mi madre lo mismo. Que no la
retendría, porque sabía que estaría mucho
mejor con Cristo. Nada en la tierra se
podía compararse con ello. No importaba lo
mucho que la necesitaba, quería lo que era
mejor para ella.
Asintió. “Está bien, dijo, entonces decido
irme con Jesús.” Teníamos que salir del
cuarto. ¡Pero mi madre no había acabado!
Debido a que fui antes una enfermera
registrada y luego una doctora, ella sabía
las reglas de los hospitales. Sabía que
cuando el corazón de un paciente se detenía
se hacían grandes esfuerzos para hacer que
volviera a funcionar. Esto es conocido como
un “Código Azul” o “Código 99” en la mayoría
de hospitales. Llamó a la enfermera de
nuevo y demandó hablar con el doctor a cargo
de la Unidad de Cuidado Coronario. Cuando el
vino finalmente al cuarto, ella le dijo
“Joven, Jesús vendrá para llevarme a casa,
Y no quiero que interfiera con Él.
Veo que tiene mi cuadro clínico ahí. Quiero
que escriba una orden de que nadie me
aplicará ningún “Código” Cuando Jesús
venga, quiero irme en paz. No quiero que
nadie intervenga e intente mantenerme viva”
El doctor se resistió al principio, pero mi
madre lo persuadió de que su decisión era
muy seria. Finalmente escribió la orden.
Los doctores y enfermeras vinieron a
hablarnos acerca de su pedido. Les
aseguramos que estabamos de acuerdo con
ella. Estaban perplejos porque la mayoría
de los pacientes temían a la muerte y hacían
cualquier cosa para evitarla. PERO, ¡mi
madre había visto a Jesús!
Más tarde esa noche,
Jesús vino y se llevó a mi madre a casa
quietamente. No estuvimos presentes en su
cuarto cuando Él vino. Pero ella tuvo su
deseo cumplido de irse a casa tranquilamente
y sin ninguna interferencia.
¿Era mi madre una
“super santa” en un gran ministerio
mundial? NO. Ella era una tranquila,
completa desconocida, sincera sierva de
Cristo. Solo su familia inmediata y los
pacientes de mi oficina médica tuvieron el
privilegio conocerla. Pero su muerte era
“preciosa para Dios” Esto es cierto para
todos nosotros sin importar que tan grande o
pequeños seamos. A Dios le importa cada uno
de nosotros individualmente. Mi madre es un
ejemplo de ello.
Sufrí
mucho su muerte, y aún lo hago, pero nunca
querría que regresara. Interesamente,
estaba por tener otra experiencia que se
quedaría por siempre en mi mente y corazón.
Mi madre tenía el cabello extremadamente
largo, casi hasta sus rodillas. La casa
funeraria llamó a mi padre y le preguntó si
alguien podría ayudar a peinar su cabello ya
que no sabían que hacer con una cabellera
tan larga. Por supuesto que mi padre me
llamó a mi y me pidió que fuera a la
funeraria a hacerlo. Era muy importante
para él que su cuerpo se viera bien en el
ataud. Así que mi cuñada y yo fuimos a la
funeraria a peinar su cabello. ¡No era nada
fácil de hacer para ninguna de las dos!
Pero lo hicimos. Al caminar afuera del
cuarto, repentinamente el velo entre el
mundo espiritual y el físico se abrió para
mi. Me detuve y mire hacia arriba con
asombro pues
de pronto escuché la voz de mi madre, clara
y audible. ¡Reconocería esa voz en cualquier
lado! Ella dijo, “Oh querida, muchas
gracias por toda la molestia que te has
tomado por mi viejo cuerpo. ¡Pero mira el
cuerpo maravilloso que tengo ahora!” miré
hacia arriba y la vi de pie, de la mano con
Jesús. Estaba tan feliz que danzaba de
puntillas, y parecía que Jesús la sostenía
hacia abajo por un momento para que ella
pudiera hablar conmigo. Era joven y
hermosa. Vestía de blanco. La reconocí al
instante, a pesar de que no se parecía en
nada a la forma en que lucía en su cuerpo
físico terrenal. Tan pronto como me dijo
eso, se marchó danzando y dando vueltas.
Todo duró unos pocos segundos. Pero SABIA
que lo que había visto y oído era REAL.
Dios, en su gran misericordia, me había dado
una pequeña vista de mi madre en su cuerpo
glorificado. El recuerdo de esos breves
segundos fue algo a lo que me aferré en las
semanas y meses de duelo siguientes.
Curiosamente, mi cuñada no vió o escuchó
nada.
Los que han leído nuestros libros
Maldiciones sin Quebrantar o Parados
sobre la Roca, han leído el testimonio
de Daniel. Su primera esposa Kai fue
asesinada bajo las más horribles condiciones
posibles. PERO, ¡Jesús estuvo con ella en
cada momento! Cuando fue torturada hasta la
muerte por no negar a Cristo, Jesús estuvo
con ella tan poderosamente que nunca sintió
ningún dolor. Ella seguía diciéndoles a sus
torturadores que servían al dios
equivocado. Que su Dios era un Dios de
amor, y por causa de esto ellos no podían
dañarla. En su misericordia, Dios le
permitió a Daniel ver a los ángeles que
vinieron y se llevaron a Kai de su cuerpo
físico herido. En instantes, estuvo en su
cuerpo glorificado. Tenía a su bebé en sus
brazos (Kai tenía ocho meses de embarazo en
el momento de su muerte). Estaba radiante,
hermosa y ¡gloriosamente feliz! No había
ninguna herida.
La mayoría de ustedes probablemente han
visto la serie de televisión “Tocado por un
Ángel” Ellos están en lo cierto. Siempre
hay uno o más ángeles presentes a la hora de
muerte del pueblo de Dios. Las personas se
aterrorizaron por la muerte de Laci
Peterson. La prensa nacional
está llena de su historia. Entiendo que
ella era Cristiana. De ser así, si bien su
muerte fue una tragedia, no fue un horror.
Ella y su bebé simplemente salieron de sus
cuerpos físicos y entraron a sus cuerpos
glorificados. Los ángeles estuvieron ahí
todo el tiempo.
Por favor anímense, queridos hermamos y
hermanas. La muerte no es algo a lo que
deba temer, si usted es un siervo(a) de
Jesuscristo. Cuando usted muera, lo
único que hará será salir de su cuerpo
físico y entrar a su nuevo y maravilloso
cuerpo glorificado para vivir en la
presencia de Jesucristo por toda la
eternidad ¿Estará solo? NO. Jesús y los
ángeles estarán justo ahí. ¿Será dolorosa la
transición? ¡NO!
“Y cuando esto
corruptible se haya vestido de incorrupción,
y esto mortal se haya vestido de
inmortalidad, entonces se cumplirá la
palabra que está escrita: Sorbida es la
muerte en victoria.
¿Dónde
está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh
sepulcro, tu victoria? ya que
el aguijón de la muerte es el pecado, y el
poder del pecado, la ley. Mas
gracias sean dadas a Dios, que nos da la
victoria por medio de nuestro Señor
Jesucristo.”
1 Corintios 15:54-57
Oh ¡qué maravilla lo que hizo Jesús por
nosotros en esa cruz! Él gano la victoria
completa sobre la muerte. La muerte ya no
es algo doloroso para nosotros, gracias a
Jesús. Él proclamó esta victoria en el
libro de Apocalipsis:
“Cuando le vi, caí
como muerto a sus pies. Y él puso su diestra
sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el
primero y el último; y el que
vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo
por los siglos de los siglos, amén. Y tengo
las llaves de la muerte y del Hades.”
Apocalipsis 1:17-18
“Y yo Juan vi la santa
ciudad, la nueva Jerusalén, descender del
cielo, de Dios, dispuesta como una esposa
ataviada para su marido. 3Y oí
una gran voz del cielo que decía: He aquí el
tabernáculo de Dios con los hombres, y él
morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y
Dios mismo estará con ellos como su Dios.
4Enjugará Dios toda lágrima de los
ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni
habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;
porque las primeras cosas pasaron.”
Apocalipsis 21:2-4
Animémosnos unos a otros con estas palabras
de Dios. No importa cuánto podamos extrañar
a nuestro ser querido, podemos tener
consuelo del conocimiento seguro de que
ellos están felices viviendo en un lugar
maravilloso en la presencia
de nuestro Señor. En
lugar de desear que regresen, sigamos
adelante y vivamos nuestras vidas de manera
que estemos seguros de nuestra propia
bienvenida en el cielo. Recordemos que no
necesitamos temer a la muerte. Porque para
nosotros, la muerte es vida; una nueva y
mejor vida que durará por toda la
eternidad. El Espíritu Santo nos ha sido
dado como una garantía de que esto es así.
(2 Corintios 5:5) Si Dios ha hecho esto por
nosotros, ¿Cómo podemos dudar? ¿Le pertenece
usted al Señor? Entonces esté tranquilo.
El Problema de la
Oración
Muchos
batallan con la oración. Hay muchos libros
acerca de la oración que son largos y hacen
la oración se vea tan complicada que llegan
a ser desmotivantes. Hace poco encontré un
maravilloso y pequeño libro sobre la
oración. Fue escrito por R.A. Torrey.
Torrey vivió y trabajó para el Señor a
principio de 1900. Tiene una manera
maravillosa y simple de escribir que hace
que las cosas sean fáciles de entender. Si
quiere leer sobre la oración, le recomiendo
que lea este libro. Se titula,
sencillamente, Como Orar. Lo puede
ordenar a través de su librería Cristiana
local.
Ofrendas de Amor
Somos un ministerio patrocinado por fe.
Dependemos de su amor y obediencia a Dios
para continuar y expander este ministerio.
Nuestra necesidad este mes se ha
incrementado ya que he tenido problemas
médicos que hasta ahora han sido y continúan
siendo, bastante caros. Nunca hemos podido
pagar aseguranza médica. Además, este mes
no tendremos ingresos debido a que el pastor
de la iglesia donde iba a hablar canceló las
reuniones a última hora. Por favor ore
junto a nosotros para que el Señor supla
nuestras necesidades este mes.
Pedimos que ore a Dios para que pueda
apoyarnos. Oramos para que Dios les conceda
a cada uno de Sus ricas bendiciones según da
a nuestro ministerio.
Rev. Daniel Yoder
Rebecca (Brown) Yoder,
M.D.
Ministerios de Alcance Guerreros del Nuevo
Milenio
P.O. Box 65
Clinton, AR 72031
¡Estamos luchando por la cosecha! |