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Libertad del Miedo a la Muerte

 
   

La razón  por la que estoy escribiendo de este tema es porque he sido contactada por varias personas recientemente con preguntas acerca del mismo.  De hecho, he quedado perpleja por sus preguntas.  Todos los que hicieron estas preguntas son Cristianos.  Todos habian experimentado la pérdida de un ser querido que también era Cristiano. ¡Ninguno podía soportar su pena porque no sabían lo que les había pasado a sus seres queridos en el momento de su muerte! ¿Estuvieron solos? ¿Sintieron temor? ¿Fue increíblemente doloroso para ellos? ¿Cree que ellos quieran regresar? ¿Existen todavía? Estas eran algunas de sus preguntas.  Estos queridos hermanos y hermanas estaban viviendo en absoluto miedo y  terror de la muerte.  El Señor ha puesto muy fuertemente en mi corazón que Su pueblo no está recibiendo enseñanzas sobre la muerte.  Por lo tanto, están viviendo sus vidas en la sombra del miedo a la muerte, lo que los hace incapaces de salir en absoluta fe y tomar riesgos por el Señor.

La Biblia es muy clara.  Jesús nos liberó de las dos mayores fuentes de temor en nuestras vidas – el miedo al hombre (Heb 13:6, y Lucas 12:4), y el miedo a la muerte.  Mire lo que Dios tiene que decir acerca del miedo a la muerte:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de los mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librara todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”             Heb. 2:14-15

Cuando Jesús murió en la cruz y se levantó de la tumba,  Él hizo mucho más que pagar el precio de nuestros pecados.  ¡Él destruyó por completo el poder de la muerte!  El le arrebató a Satanás el poder de infligir un severo dolor a la hora de la muerte.  ¡A partir de ese instante, la vida y muerte del pueblo de Dios quedaba completamente en las manos de Dios mismo! El Salmista entendió la actitud que Dios tenía acerca de la muerte de Su pueblo.

Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus  santos.”

 Salmos 116:15

Su muerte no “simplemente sucede”.  Se encuentra estrictamente bajo el control de Dios Todopoderoso.  De hecho, su muerte es preciosa para Él, ¡Y la guarda celosamente! Dios está tan envuelto en su muerte como lo está en su vida.  El entendimiento de esta verdad es lo que nos libra de pesar excesivo por la pérdida de un ser querido. 

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”  1 Tess. 4:13

 Si, sentimos dolor por la pérdida de un ser querido, pero nuestro dolor debe templarse con la esperanza que tenemos de la nuestra futura eternidad con Cristo, y el conocimiento que tenemos sobre la muerte.  Escribi en el boletín del mes pasado acerca de nuestra esperanza en la eternidad.  Este mes, quiero hablar directamente del proceso de la muerte en si.

 El apóstol Pablo se refiere a las personas que han muerto como “a los que duermen” en Cristo.  ¿Quiere decir que ellos pierden toda consciencia? ¡No!  Se refiere al hecho de que su cuerpo físico esta “dormido”  ya que será levantado nuevamente en la venida de Cristo.  Puede ser que el cuerpo físico ya no funcione, es decir, esté “muerto”, pero la persona que vivió dentro de él no está muerta.  Él o ella continúa existiendo.  La muerte no es el final, para el pueblo de Dios, es un principio.  Es el principio de una existencia en un nuevo reino, tan maravillosa que ni siquiera podemos empezar a imaginarla.  La palabra de Dios nos ha dado unos pequeños adelantos de ello.

 Resulta claro, que la muerte no significa que el pueblo de Dios cese de existir, ó que ya no estén conscientes.  La historia de Jesús en el monte de la transfiguración nos da una prueba concluyente de esto. 

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan

su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. 3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. ”  Mateo 17:1-3

Moisés murió muchos años antes de este incidente. (Elías no experimentó la muerte física, sino que fue transportado directamente al cielo.)Moisés sí experimentó la muerte física.  Es claro que tanto Moisés como Elías continuaron existiendo, conscientes de lo que sucedía alrededor de ellos, y seguramente se les  permitió estar conscientes de lo que sucedía aquí en la tierra también.

 En la parábola de Jesús de la muerte del hombre pobre y el hombre rico, se comprueba que ambos hombres continuaron viviendo con consciencia completa de todo – uno en el cielo, otro en el infierno.  Permítame refrescar su memoria de esta historia.

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 21y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. 26Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.”  Lucas 16:19-26

Jesús enseño muchas cosas diferentes con esta parabola.  Sin embargo, quiero que notemos solamente dos de ellas.  Primero, cuando Lázaro murió, su muerte no fue solitaria o dolorosa.  Al contrario, los ángeles vinieron a escortarlo personalmente al cielo.  Lázaro representa el pueblo de Dios.  En segundo lugar, Abraham,  Lázaro y el hombre rico estaban todos  “muertos”.  Pero seguían existiendo, estando conscientes de todo lo que sucedía alrededor de ellos.  Así que tanto para los que son salvos como para los que no lo son,  la muerte no pone un final a su “vida” o a su conscienca de las cosas.  Ellos continúan exisiendo, de manera viva, en un reino diferente.  Es muy inquietante pensar de la terrible existencia de aquellos que no han aceptado a Cristo.  Sin embargo no abordaremos este tema en este boletín. 

Continuemos y miremos lo que Pablo escribió sobre su propia muerte

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. 2Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; 3pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. 4Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

6Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.”  2 Corintios 5:1-8 

Cuando Pablo usa el término “morada terrestre” o “este tabernáculo” se refiere a nuestro cuerpo físico.  Nos dice que cuando nuestro cuerpo físico sea “destruído”, es decir, muera, tendremos un cuerpo nuevo hecho por Dios mismo en el cielo.  Él nos dice que debemos “desear vivamente ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial”  Lo que quiere decir es que ya no viviremos en nuestros cuerpos físicos terrestres, sino en nuestros cuerpos espirituales glorificados ante la presencia de Dios en el cielo.  Cuando dejamos nuestro cuerpo físico actual, Dios nos da inmediatamente un  nuevo cuerpo espiritual glorificado.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”  Filipenses 3:20-21

 “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”  1 Juan 3:2

Estas escrituras nos muestran, además, que tendremos cuerpos nuevos.¿Cómo serán estos   cuerpos?  Se nos dan unas ideas al respecto. Tendremos un cuerpo igual al  cuerpo glorificado  que tuvo Cristo después de Su resurrección .  Jesús estaba en este cuerpo glorificado cuando se apareció a Sus discípulos después de Su resurrección.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43Y él lo tomó, y comió delante de ellos.”  Lucas 24:36-43

No sabemos exactamente cómo era el cuerpo de  glorificado de Cristo, aunque es claro que era diferente de Su cuerpo físico original porque ya no estaba atado por cosas físicas.  Aparentemente vino en medio de ellos sin abrir ninguna puerta.  Su cuerpo, por tanto, podia atravesar una pared física sin dificultad.  Los discípulos tenían miedo pues pensaban que miraban un espíritu.  Pero Jesús les aclaró que Él era más que un espíritu, estaba revestido de un cuerpo.  Podían tocar su cuerpo y sentirlo.  También pudo comer.  Tal vez recuerda que en Apocalipsis se menciona de que aquellos de nosotros que estemos en el cielo seremos invitados a “la cena  de las bodas del Cordero” (Apoc. 19:9) Es decir, en el cielo se podrá comer.  Nuestros cuerpos glorificados podrán comer y beber. ¡Qué maravilloso será cuando nos den nuestros cuerpos glorificados!  Nunca nos enfermaremos o sentiremos dolor.  Nunca estaremos cansados.  ¡No habrá incapacidad o parálisis en esos cuerpos!  Ningún tipo de debilidad.  Seremos como Jesús.

 El próximo punto que quiero que mire es el hecho de que la transición de nuestro cuerpo físico a nuestro cuerpo glorificado es instantánea.  Pablo dice que cuando estamos “ausentes de nuestros cuerpos, estamos presentes con el Señor”  (2 Cor. 5:8)  No hay demora. En el instante en que dejamos nuestro cuerpo físico, estamos presentes con Cristo.  ¡Aleluya!

También sabemos por la escritura que cité de Lucas 16, que los ángeles estarán ahí para ayudarnos.  ¿Estaremos solos cuando muramos? ¡Absolutamente no!  Jesús estará ahí, y los ángeles estarán ahí!  Al dejar nuestro cuerpo físico, nos daremos cuenta  instantáneamente  de todo lo que pasa en el mundo espiritual que está ahora oculto para nosotros.  ¡La nueva existencia que tendremos  en este reino con nuestros cuerpos glorificados, en la presencia de Cristo, es mucho mejor que nuestra vida aquí en la tierra  Pablo lo dijo de esta manera:

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;.”

Pilipenses 1:21-23

Debemos entender que sin importar cuánto extrañemos a nuestros seres queridos que han muerto (y que eran Cristianos), que ellos ahora llevan una vida tan grandiosa y mejor que cualquier otra cosa que experimentaron aquí en la tierra, ¡que nunca querrían regresar!

Muchas de las personas con las que hablé hace poco, dijeron que ellos creían que su ser querido sentía pesar por haber muerto y no poder estar más en la tierra.  No creo que esto sea cierto.  ¡No sabemos lo que es la gloria de Cristo, si pensamos que cualquiera que se encuentra ahora en la misma presencia de Cristo querría regresar a la tierra!

Quiero darle un ejemplo propio en relación a la muerte para ayudarlo y animarlo.  Mi madre era un persona  de 74 años saludable y activa cuando repentinamente sufrió un ataque masivo al corazón.  Yo practicaba la medicina en ese entonces.  Fue llevada de urgencia al hospital e ingresada en la unidad de Cuidado Coronario Intensivo.  Más tarde en ese mismo día, una enfermera vino y nos pidió a mi padre y a mi que entraramos al cuarto porque ella había pedido vernos.  Fuimos y permanecimos a su lado.  Ahora, quiero que entienda que mi madre y mi padre tenían un matrimonio maravilloso y una profunda relación amorosa que había durado casi 40 años. Mi relación con mi madre era también muy cercana.  De hecho, en esa época de mi vida, mi madre era la única persona en la tierra que entendía el llamado de Dios en mi vida, y la Guerra espiritual en que estaba envuelta.  Ella trabajaba a tiempo completo como recepcionista en mi oficina y ministraba diariamente a los pacientes que llegaban.  Era muy amada en la comunidad donde yo practicaba medicina.

 Cuando mi padre y yo llegamos al lado de su cama, nos habló y dijo, “Hace muy poco Jesús apareció aquí.  Me habló y me dijo que me daría a escoger. Ya sea que Él me sanaría, o que yo podría ir a casa para estar en el cielo con Él.  Le pregunté si podría hablar con ustedes dos antes de tomar mi decisión.  Los amo tanto y sé que ustedes me aman a mi.  No quiero ser egoísta, pero oh, ¡Qué hermoso es Jesús!  Ahora que lo he visto, mi corazón anhela estar con Él.  Pero quiero hablar con ustedes primero porque sé que mi muerte les afectaría profundamente a ambos.  ¿Qué piensan?”Fue un momento terrible tanto para mi padre como para mi.  ¡Mi madre significaba tanto para ambos! Mi padre no dudó, sino que habló por el amor verdadero y  no egoísta que tenía y dijo, “Querida, te amo más que a nada en el mundo, pero no te retendría por nada.  Sé que es mucho mejor estar con Jesús.  No estás siendo egoísta, ve hacia delante y yo me uniré a ti  antes que pase mucho tiempo” 

Le dije a mi madre lo mismo.  Que no la retendría, porque sabía que estaría mucho mejor con Cristo.  Nada en la tierra se podía compararse con ello.  No importaba lo mucho que la necesitaba, quería lo que era mejor para ella. 

Asintió. “Está bien, dijo, entonces decido irme con Jesús.” Teníamos que salir del cuarto.  ¡Pero mi madre no había acabado!  Debido a que fui antes una enfermera registrada y luego una doctora, ella sabía las reglas de los hospitales.  Sabía que cuando el corazón de un paciente se detenía se hacían grandes esfuerzos para hacer que volviera a funcionar.  Esto es conocido como un “Código Azul” o “Código 99” en la mayoría de hospitales.  Llamó a la enfermera de nuevo y demandó hablar con el doctor a cargo de la Unidad de Cuidado Coronario. Cuando el vino finalmente al cuarto, ella le dijo “Joven, Jesús vendrá para llevarme a casa,  Y no quiero que interfiera con Él.

Veo que tiene mi cuadro clínico ahí.  Quiero que escriba una orden de que nadie me aplicará ningún “Código”  Cuando Jesús venga, quiero irme en paz.  No quiero que nadie intervenga e intente mantenerme viva”  El doctor se resistió al principio, pero mi madre lo persuadió  de que su decisión era muy seria.  Finalmente escribió la orden.  Los doctores y enfermeras vinieron a hablarnos acerca de su pedido.  Les aseguramos que estabamos de acuerdo con ella.  Estaban perplejos porque la mayoría de los pacientes temían a la muerte y hacían cualquier cosa para evitarla.  PERO, ¡mi madre había visto a Jesús! 

Más tarde esa noche, Jesús vino y se llevó a mi madre a casa quietamente.  No estuvimos presentes en su cuarto  cuando Él vino.  Pero ella tuvo su deseo cumplido de irse a casa tranquilamente y sin ninguna interferencia. 

¿Era mi madre una “super santa” en un gran ministerio mundial?  NO.  Ella era una tranquila,  completa desconocida, sincera sierva de Cristo.  Solo su familia inmediata y los pacientes de mi oficina médica tuvieron el privilegio conocerla.  Pero su muerte era “preciosa para Dios”  Esto es cierto para todos nosotros sin importar que tan grande o pequeños seamos.  A Dios le importa cada uno de nosotros individualmente.  Mi madre es un ejemplo de ello.

 Sufrí mucho su muerte, y aún lo hago, pero nunca querría que regresara.  Interesamente, estaba por tener otra experiencia que se quedaría por siempre en mi mente y corazón.  Mi madre tenía el cabello extremadamente largo, casi hasta sus rodillas. La casa funeraria llamó a mi padre y le preguntó si alguien podría ayudar a peinar su cabello ya que no sabían que hacer  con una cabellera tan larga.  Por supuesto que mi padre me llamó a mi y me pidió que fuera a la funeraria a hacerlo.  Era muy importante para él que su cuerpo se viera bien en el ataud.  Así que mi cuñada y yo fuimos a la funeraria a peinar su cabello.  ¡No era nada fácil de hacer para ninguna de las dos!  Pero lo hicimos. Al caminar afuera del cuarto, repentinamente el velo entre el mundo espiritual y el físico se abrió para mi.  Me detuve y mire hacia arriba con asombro pues de pronto escuché la voz de mi madre, clara y audible. ¡Reconocería esa voz en cualquier lado!   Ella dijo, “Oh querida, muchas gracias por toda la molestia que te has tomado por mi viejo cuerpo.  ¡Pero mira el cuerpo maravilloso que tengo ahora!” miré hacia arriba y la vi de pie,  de la mano con Jesús.  Estaba tan feliz que danzaba de puntillas, y parecía que Jesús la sostenía hacia abajo por un momento para que ella pudiera hablar conmigo.  Era joven y hermosa.  Vestía de blanco.  La reconocí  al instante, a pesar de que no se parecía en nada a la forma en que lucía en su cuerpo físico terrenal.  Tan pronto como me dijo eso, se marchó  danzando y  dando vueltas.  Todo duró unos pocos segundos.  Pero SABIA que lo que había visto y oído era REAL.  Dios, en su gran misericordia, me había dado una pequeña vista de mi madre en su cuerpo glorificado.  El recuerdo de esos breves segundos fue algo a lo que me aferré en las semanas y meses de duelo  siguientes.  Curiosamente, mi cuñada no vió o escuchó nada. 

Los que han leído nuestros libros Maldiciones sin Quebrantar o Parados sobre la Roca, han leído el testimonio de Daniel. Su primera esposa Kai fue asesinada bajo las más horribles condiciones posibles.  PERO, ¡Jesús estuvo con ella en cada momento! Cuando fue torturada hasta la muerte por no negar a Cristo, Jesús estuvo con ella tan poderosamente que nunca sintió ningún dolor.  Ella seguía diciéndoles a sus torturadores que servían al dios equivocado.  Que su Dios era un Dios de amor, y por causa de esto ellos no podían dañarla.  En  su misericordia, Dios  le permitió a Daniel ver a los ángeles que vinieron y se llevaron a Kai de  su cuerpo  físico herido.  En instantes, estuvo en su cuerpo glorificado.  Tenía a su bebé en sus brazos (Kai tenía ocho meses de embarazo en el momento de su muerte).  Estaba radiante, hermosa y ¡gloriosamente feliz!  No había ninguna herida.

La mayoría de ustedes probablemente han visto la serie de televisión “Tocado por un Ángel”  Ellos están en lo cierto.  Siempre hay uno o más ángeles presentes a la hora de muerte del pueblo de Dios.  Las personas se aterrorizaron por la muerte de Laci Peterson.  La prensa nacional está llena de su historia.  Entiendo que ella era Cristiana.  De ser así, si bien su muerte fue una tragedia, no fue un horror.  Ella y su bebé simplemente salieron de sus cuerpos físicos y entraron a sus cuerpos glorificados.  Los ángeles estuvieron ahí todo el tiempo. 

Por favor anímense, queridos hermamos y hermanas.  La muerte no es algo a lo que deba temer, si usted es un siervo(a) de Jesuscristo.  Cuando usted muera, lo único que hará será salir de su cuerpo físico y entrar a su nuevo y maravilloso cuerpo glorificado para vivir en la presencia de Jesucristo por toda la eternidad ¿Estará solo? NO.  Jesús y los ángeles estarán justo ahí. ¿Será dolorosa la transición? ¡NO!  

 “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?   ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.  1 Corintios 15:54-57

 Oh ¡qué maravilla lo que hizo Jesús por nosotros en esa cruz! Él gano la victoria completa sobre la muerte.  La muerte ya no es algo doloroso para nosotros, gracias a Jesús.  Él proclamó esta victoria en el libro de Apocalipsis:

  “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Apocalipsis 1:17-18

“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” Apocalipsis 21:2-4 

Animémosnos unos a otros con estas palabras de Dios. No importa cuánto podamos extrañar a nuestro ser querido, podemos tener consuelo del conocimiento seguro de que ellos están felices viviendo en un lugar maravilloso en la presencia de nuestro Señor.  En lugar de desear que regresen, sigamos adelante y vivamos nuestras vidas de manera que estemos seguros de nuestra propia bienvenida en el cielo.  Recordemos que no necesitamos temer a la muerte.  Porque para nosotros, la muerte es vida; una nueva y mejor vida que durará por toda la eternidad.  El Espíritu Santo nos ha sido dado como una garantía de que esto es así.  (2 Corintios 5:5)  Si Dios ha hecho esto por nosotros, ¿Cómo podemos dudar? ¿Le pertenece usted al Señor?  Entonces esté tranquilo.

 

El Problema de la Oración

 Muchos batallan con la oración.  Hay muchos libros acerca de la oración que son largos y hacen la oración se vea tan complicada que llegan a ser desmotivantes.  Hace poco encontré un maravilloso y pequeño libro sobre la oración.  Fue escrito por R.A. Torrey.  Torrey vivió y trabajó para el Señor a principio de 1900.  Tiene una manera maravillosa y simple de escribir que hace que las cosas sean fáciles de entender.  Si quiere leer sobre la oración, le recomiendo que lea este libro.  Se titula, sencillamente, Como Orar. Lo puede ordenar a través de su librería Cristiana local.

 

Ofrendas de Amor

 Somos un ministerio patrocinado por fe.  Dependemos de su amor y obediencia a Dios para continuar y expander este ministerio.  Nuestra necesidad este mes se ha incrementado ya que he tenido problemas médicos que hasta ahora han sido y continúan siendo, bastante caros.  Nunca hemos podido pagar aseguranza médica.  Además, este mes no tendremos ingresos debido a que el pastor de la iglesia donde iba a hablar canceló las reuniones a última hora.  Por favor ore junto a nosotros para que el Señor supla nuestras necesidades este mes.

 Pedimos que ore a Dios para que pueda apoyarnos.  Oramos para que Dios les conceda a cada uno de Sus ricas bendiciones según da a nuestro ministerio.

Rev. Daniel Yoder

Rebecca (Brown) Yoder, M.D.

Ministerios de Alcance Guerreros del Nuevo Milenio

P.O. Box 65

Clinton, AR  72031

 

  

¡Estamos luchando por la cosecha!

 
     
 
 
 
 
 
 
 
     
     
     
   
 
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